MÁTAME ESTA NOCHE
Así, sin más, te fuiste desmayando... primero estabas algo pálida, pero pensé que aquello era parte de tu habitual color... después te caíste. Nunca supe porque perdiste el equilibrio... Estabas en el suelo quieta y pálida y cuando te toqué estabas fría...muerta... Luego yo también caí, pero no me quedé quieto... rodé...empecé a caer por una calle empinada y cuando me acercaba a aquella punta de acero... desperté...
Siempre despierto en el momento más importante. Las primeras veces me aterraba pensar en las puntas, en las piedras, en los carros que chocaban conmigo, en los animales feroces que sólo llegaban a abrir fuerte sus fauces. Pero nunca pasó nada... siempre despertaba y no me enteraba del final de las cosas. Nunca supe que era ser atravesado por una punta al final de una calle empinada. Creía que ahora que caías y que te morías, por fin me enteraría del final de la historia. Pero ni siquiera tú, con el deseo perenne de mi muerte, lograste que me atravesaran las puntas.
Desde que nos conocemos has deseado mi muerte. Es extraño, me amas y me atacas siempre. Jamás he podido complacerte, por más que lo intente, sólo a ratos logro sacarte una sonrisa retorcida en tu rostro y eso que tienes lindos dientes. Todas mis cosas giran en torno a ti y no logro satisfacerte. Y lo peor es que en mis sueños también apareces y sólo en este último mueres. La mayoría de las veces, eres tú quien me tira a los trenes, quien me empuja por las calles buscando las puntas, quien me arroja por los más altos precipicios.
Lo más cerca que he estado de morirme en mis sueños, fue aquella vez que me disparaste, pero en los sueños no hay tal velocidad y cuando la bala lentamente se acercaba a la mitad de mi frente volví a despertar. En otra ocasión cuando iba a tomarme el veneno en la sopa, apareció ese gato que me hizo despertar... y eso que el gato era negro.
Cuando abro los ojos y te veo abrazada a mí, no creo que seas tú quien me mata en vigilia y quien me mata en sueños. Me levanto, camino un rato por la casa, saludo al perro, miro por la ventana y regreso a la cama para que vuelvas a asesinarme sin asesinarme. Me abrazo a tu espalda y enredo mis piernas en las tuyas, después busco tu mano que extraña la mía y finalmente me duermo enamorado y sin miedo.
No puedes matarme, concluyo cada mañana, me levanto sin despertarte y voy a la calle a comprarte rosas, porque quiero ver flores y olerlas, pues cuando por fin me mates, no disfrutaré de ellas como ahora.
Espero que esta noche por fin lo hagas, me estoy cansando de no morir cada mañana.
¡Mátame esta noche!